Balbina Lightowler

MACRO

2012

 

Muestra “4 Artistes Argentines” – Tours, Francia – Enero 2013

Natalia March

Siempre que nos enfrentamos a una obra artística se abren múltiples interrogantes, pero en este caso en particular, cuando analizamos la producción de un grupo de reconocidas artistas mujeres de Buenos Aires, éstos se enriquecen y complejizan. Una duda nos asalta en cada encuentro ¿qué las define y que las une?.
En un principio, unos meses atrás con José María D’Errico, el curador, planeamos la escritura de este prólogo y a partir de allí comenzó el trabajo: una serie de reuniones con las artistas donde no sólo se habló de arte sino de lo que es su sustento: la vida misma.
Hubo un clima de intimidad entre ellas, una conexión particular que esclareció la red, la trama se hizo presente a través de la sensibilidad manifiesta en sus obras y en sus pensamientos.

Balbina Lightower, Florencia Fraschina, Mariela Bergato y Paula Senderowicz, sin conocerse trabajan desde la sutileza más imperceptible, siempre hay algo a descubrir en sus obras, lo que se presenta ante la primer mirada no es lo que parece ser. Pero además comparten la pasión por el buen uso de la materia, la obra debe estar perfectamente acabada, se da casi como una obsesión y la relación con el espectador debe ser sumamente íntima.

Para esta ocasión el paisaje une a Balbina con Paula y las figuras –si bien insertas en distintas naturalezas- acercan a Mariela con Florencia.
Los elementos utilizados son un capitulo a tener en cuenta, probar, combinar, hacer y deshacer, utilizando desde acuarela, óleo, purpurina, gouache, pluma, pincel, goma arábiga, pvc, fotografía, pigmentos, hasta luz. En este proceso no importa el tiempo, siempre está la búsqueda del momento inefable, donde no hay palabras para definir las sensaciones de haber encontrado el material exacto. Aquí y ahora, la obra está terminada.

Balbina, parte de la fotografía, y desde allí nos invita a adentrarnos en el mundo de lo natural, es como si asistiéramos al espectáculo de la naturaleza, pareciera que podríamos entrar en un universo ajeno, el de su mirada. Al elegir un soporte transparente juega desde la bidimension a la tridimensión, creando un espacio- cuestión de principal interés-, que genera sombras coloreadas y donde la luz se hace imprescindible. El objeto ambiguo se hace presente, pues no es una toma directa, sino que la reelabora digitalmente, yuxtapone, repite y distorsiona, hasta encontrar la combinación exacta. Luego llega el momento de la impresión, se desliga, parece tomar distancia, la imagen se plasma sobre el pvc cristal flexible, pero por último la interviene, con pasteles coloreados, donde las texturas ya no son solo visuales. Une dos mundos el de la tecnología con el hacer artesanal del mundo pictórico.

Florencia partiendo de una experiencia de viaje por el norte de Argentina y volviendo sobre antiguos puntos de interés, trabaja figuras de cuerpos femeninos bellamente eróticos, la mirada se detiene como en un primer lugar de goce plástico pero la trascendencia de la misma nos permite dilucidar otras realidades, oscuras, solitarias, cercanas o ajenas.
Qué hay en esas formas que acompañan a las mujeres donde diabólicos personajes acechan o naturalezas trágicas abrazan, provocando transfiguraciones, recuerdos en forma de ex -votos de tragedias o pasiones en altares populares. Pone el acento en los mitos desde el Pombero, Curumpi, Carancha, la Difunta Correa o el Gauchito Gil, símbolos de una devoción que hibrida tradiciones antiguas y modernas reflejando la multiplicidad de sensibilidades posmodernas. Asistimos a la necesidad de revisar y desmenuzar la imagen, y así conectarnos con nuestras mitologías internas.

Paula, en sus paisajes expresa todas las posibilidades de la técnica de la acuarela: capa sobre capa el pigmento corre sobre el papel y junto a los gestos del trazo logra hacer visibles sutiles y sugerentes texturas. En donde el ojo espera certeza, o ciertas conocidas tonalidades, irrumpe la inquietud, los colores resuenan pertenecientes a otros mundos, quizás del comic, del pop, dejando caer el idilio romántico. En su obra la duplicación está presente, marca la diferencia entre aparentes mundos reales, esta intervención metonímica deja entrever la estrategia de estar siempre alerta. Paula trabaja con el concepto del dejà vu, inclusive también se vale de la fotografía, sus obras remiten a las estampas japonesas, el agua es un elemento pregnante, pero entonces ¿son sus paisajes reales?, ¿o funcionan como huellas mnemotécnicas?. Son parte de un recuerdo, y se reinventan a partir de éste. ¿Es posible un mundo diferente?…..¿existe o podríamos construirlo?.

Mariela, le dedica un tiempo especial al encuentro con la materia, su experimentación es incesante, su interés está en lograr una conexión sensible con ella y así partir con su expresión para dirigir la mirada sobre el espectador. Siente una necesidad determinante: sus obras deben estar siempre habitadas, y surgen en ellas figuras delineadas y etéreas entre las texturas. Descubre, lo oculto, revela lo que en apariencia no está, y nos invita a movilizarnos delante de la obra, caminar hacia ella, alejarse, volver y así encontrar y encontrarnos fantasmáticos.
Sobre azules profundos surgen figuras antropomórficas en eternidades cósmicas u oceánicas a explorar; de esta manera vemos como nuestras más sutiles huellas de existencia se plasman en deliberados cuerpos y rostros que se esfuman levemente en los papeles. El sentir de lo sentido, como decir lo inaudible.

Ahora el espectáculo es para ustedes, la propuesta está hecha, y los espectadores deben ejercer su acción sobre ella, las obras están allí y comienza lo verdaderamente importante, pasen y vean.